Lo que Drucker me enseñó sobre IA (sin saberlo)
Hace unos días me entró morriña de Peter Drucker.
Fui a la estantería y rescaté un libro de cabecera que marcó mis primeros pasos: «The Landmarks of Tomorrow». Páginas amarillentas, anotaciones en los márgenes que delatan mi juventud e inexperiencia. Y entre ellas, una idea que en 1959 sacudió mi comprensión del mundo empresarial:
«En una empresa solo hay dos funciones cruciales: el marketing y la innovación. Todo lo demás, son costes.»
¡Qué atrevida simplicidad! ¡Qué verdad tan incómoda y reveladora!
Hoy, en plena revolución de la IA, esta idea cobra un nuevo significado cuando añadimos el ingrediente esencial: las personas.
Índice
- La humanidad en tiempos de algoritmos
- Sin personas no hay innovación
- Sin personas no hay marketing
- El verdadero tesoro
- ¿Y si Drucker estuviera hoy aquí?
La humanidad en tiempos de algoritmos
La IA está transformando cada aspecto de los negocios, pero también está resaltando lo verdaderamente insustituible.
Spotify Wrapped es un buen ejemplo: los algoritmos analizan millones de datos de escucha, pero son los equipos creativos humanos quienes transforman esos datos fríos en una experiencia emocional que millones esperan y comparten cada año.
La IA proporciona el qué. Pero el cómo sigue siendo profundamente humano.
Sin personas no hay innovación
Son las mentes inquietas, las que se atreven a soñar diferente, las que siguen desafiando lo establecido. Usando la tecnología no como un reemplazo, sino como una extensión de su creatividad. Son esos talentos únicos los que transforman problemas en oportunidades, ahora con herramientas que Drucker solo podría haber imaginado en sus sueños más audaces.
Sin personas no hay marketing
Nike lo bordó con Dream Crazy: historias de atletas conocidos y otros que deberían serlo. El denominador común: todos aprovechan el poder del deporte para hacer avanzar el mundo. Ni el más avezado de los algoritmos habría apostado por una estrategia tan audaz. Fue el olfato humano, esa sagacidad para leer el pulso social y conectar con el alma del público, lo que convirtió esta campaña en un hito.
Es la empatía humana, ese brillo en los ojos cuando conectamos con alguien, lo que ningún algoritmo podrá replicar jamás.
El verdadero tesoro
Las empresas que dejan huella comprenden que su verdadero tesoro no está en la tecnología que pueden adquirir, sino en los pasillos donde su gente ríe, sueña y crea.
Cualquiera puede comprar tecnología. Pero nadie puede replicar la magia que surge cuando las personas correctas se unen por un propósito que les trasciende.
Según Deloitte (2024 Tendencias Globales de Capital Humano): «Las organizaciones enfocadas en la experiencia humana tienen 1,8x más probabilidades de alcanzar resultados de negocio y 2,1x de lograr resultados humanos positivos.»
Google, en su Proyecto Oxygen, descubrió que las destrezas técnicas quedaban en último lugar entre las ocho cualidades de los mejores directivos. Las siete primeras eran habilidades blandas, puramente humanas.
¿Y si Drucker estuviera hoy aquí?
Probablemente sonreiría al ver cómo sus dos pilares fundamentales siguen en pie. Pero añadiría que el verdadero arte está en encontrar el equilibrio entre la precisión de las máquinas y la imperfecta belleza del espíritu humano.
Por tanto, la verdadera baza ganadora no residirá en las organizaciones con la IA más sofisticada, sino en quienes sepan entretejer con más maestría la precisión de la máquina con la magia del espíritu humano.
Así que… Ayer, hoy y siempre… serán las personas.
P.D. Es verdad que cuando Drucker escribió este libro la sociedad era otra. Pero lo que no ha cambiado ni cambiará es que las personas rezumamos humanidad. Y eso, precisamente eso, es lo que ningún algoritmo podrá jamás replicar