Marketing y ventas: lo que nadie aplica - Juan Carlos Sevilla | Interim Manager de Marketing y Ventas

Marketing y ventas: lo que nadie aplica

⏱ Tiempo de lectura: 22 minutos

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ÍNDICE

  1. El problema no es lo que no sabes
  2. Mi primera escuela no tenía aula
  3. Todo está conectado. Siempre lo estuvo.
  4. El mercado no te pregunta si estás listo
  5. Tu cliente no compra lo que vendes. Compra lo que desea.
  6. La demanda de tu marca tiene una fórmula
  7. Saber cuánto necesitas vender para no perder dinero
  8. El agua tapa los problemas
  9. ¿Y quién hace todo esto?
  10. Las 6 Rs: cómo pienso cuando entro en una empresa
  11. La teoría siempre tuvo razón. El problema es otro.

El problema no es lo que no sabes

Hay una conversación que se repite en casi todas las empresas en las que aterrizo.

Alguien del equipo directivo me explica el problema: no se vende lo que se debería, el equipo no rinde, la competencia gana terreno, el marketing no funciona. Cada frase es real. Cada síntoma duele. Y debajo de todos ellos hay siempre la misma causa: nadie ha aplicado los fundamentos.

No los de una escuela de negocio en particular. No los de un bestseller de aeropuerto ni los de una metodología de moda. Los fundamentos de siempre. Los que llevan décadas explicados y que todo el mundo conoce, o cree conocer. Los que se estudian una vez y muy pocos aplican de verdad. 

La teoría no está mal. Nunca estuvo mal.

Lo que falla es la distancia entre saber algo y hacerlo. Entre tener el mapa y saber navegar. Entre entender la estrategia en una sala de reuniones y ejecutarla cuando el equipo no está alineado, cuando la presión del corto plazo ahoga el largo plazo o cuando nadie quiere bajar a ver las rocas que el agua está tapando.

Llevo años aterrizando en empresas para dirigir Marketing y Ventas. Y cada vez que llego, encuentro los mismos errores. Errores que no requieren un informe de doscientas páginas para resolverse. Requieren algo más escaso y más valioso: la voluntad de mirar las cosas como son y actuar en consecuencia.

Para entender cómo llegué a ese enfoque, hay que ir a donde todo empezó.

Mi primera escuela no tenía aula

Con 14 años no sabía lo que era una función de demanda. Tampoco sabía lo que era un análisis del entorno ni una variable controlable.

Lo que sí sabía era el sonido de una persiana bajando al final del día. Y la diferencia entre los días que había valido la pena subirla y los que no.

En el negocio familiar aprendí lo que no enseña ningún libro de texto. Que la cuenta de resultados no entiende de excusas. Que las métricas bonitas no pagan los sueldos de la plantilla. Que el cliente es el centro de todo, no porque lo diga un manual de marketing, sino porque es el único que paga las facturas. Y que subir lavadoras y frigoríficos a pisos sin ascensor te pone fuerte, pero sobre todo te enseña el valor del trabajo duro.

Esa fue mi primera escuela. Y fue la más importante.

Porque cuando años después empecé a leer los manuales, no estaba aprendiendo algo nuevo. Estaba poniendo nombre a cosas que ya había vivido. Y eso cambia completamente cómo se aplica la teoría.

Todo está conectado. Siempre lo estuvo.

En el negocio familiar no había departamentos. Había personas haciendo cosas distintas que tenían que funcionar juntas. Si la compra fallaba, la venta fallaba. Si la venta fallaba, la caja fallaba. Si la caja fallaba, todo fallaba.

Los manuales universitarios tienen una figura que explica exactamente esto. Marketing, Producción, Finanzas e I+D no son departamentos separados. Son partes de un mismo sistema vivo. Marketing recibe las señales del mercado y las convierte en objetivos. Esos objetivos alimentan la producción. La producción genera los costes que van a Finanzas. Y los resultados vuelven a alimentar las decisiones de Marketing.

Simple. Evidente. Demoledor.

Demoledor porque cuando llego a una empresa y pregunto cómo está conectado el equipo de Marketing con Producción, con Finanzas y con Ventas, la respuesta más habitual es un silencio incómodo seguido de un "nos coordinamos cuando hace falta".

Eso no es un sistema. Es una colección de departamentos conviviendo bajo el mismo techo.

Y mientras eso no cambie, da igual lo brillante que sea la estrategia comercial.

SubsistemaQué aporta al sistemaQué necesita de los demásQué pasa cuando se rompe la conexión
Marketing Señales del mercado y objetivos de ventas Capacidad real de producción e información financiera La empresa vende lo que puede, no lo que el mercado pide
Producción El producto o servicio final Objetivos claros de Marketing y recursos de Finanzas Sobreproducción o desabastecimiento
Finanzas Medición de resultados y recursos disponibles Datos reales de ventas y costes de producción Decisiones sin base real y presupuestos ficticios
I+D Innovación y mejora continua Información de mercado de Marketing y viabilidad de Finanzas La empresa se queda obsoleta sin saberlo

Mi enfoque 360º no es un eslogan. Es exactamente esto. Entender que Marketing y Ventas no funcionan en el vacío. Y actuar en consecuencia desde el primer día.

El mercado no te pregunta si estás listo

Una de las cosas que aprendí en el negocio familiar es que el mercado se mueve solo. Sin avisar. Sin pedir permiso. Un día todo funcionaba y al siguiente algo había cambiado fuera, no dentro. Y si no lo veías a tiempo, pagabas las consecuencias.

Tardé tiempo en entender que eso tenía un nombre.

Los libros distinguen entre variables controlables y variables no controlables. Las no controlables son el mundo en el que operas: el comportamiento de tus consumidores, los movimientos de la competencia, el entorno económico, el cultural, el tecnológico. Están ahí. Se mueven. Y no te consultan.

Las controlables son tu esfuerzo de marketing. El producto, la distribución, el precio, la comunicación. Sobre ellas tienes poder de decisión. Pero ese poder solo funciona si antes has entendido bien el terreno en el que lo ejerces.

TipoQué incluyeQuién la gestionaError más habitual
No controlables Consumidores, competencia, entorno económico, cultural, tecnológico y legal Nadie. Solo se puede monitorizar y adaptar Ignorarlas hasta que ya impactan en los resultados
Controlables estratégicas Producto y distribución Dirección de Marketing con visión a largo plazo Cambiarlas sin análisis previo del entorno
Controlables tácticas Precio y comunicación Equipo comercial y de marketing Usarlas como único recurso sin estrategia detrás

La trampa en la que cae la mayoría de las empresas es dedicar el 90% del tiempo a gestionar las variables controlables e ignorar sistemáticamente las no controlables. Diseñan el producto. Fijan el precio. Planifican la campaña. Y, mientras tanto, el mercado se mueve.

Hace no mucho aterricé en una empresa donde el gerente acababa de subir los precios. El razonamiento era sencillo: la competencia los había subido y sus costes fijos también habían aumentado. Conclusión directa: Subimos precios y problema resuelto.

Sin testear a los clientes. Sin analizar de verdad a la competencia. Sin preguntarse si el mercado iba a acompañar esa decisión.

Cuando los resultados no llegan, la conclusión siempre es la misma: el precio estaba mal o la campaña no funcionó. No. El problema era que nadie había mirado fuera antes de actuar.

Eso no es un problema de ejecución. Es un problema de enfoque.

Tu cliente no compra lo que vendes. Compra lo que desea.

Desde los 14 años supe que el cliente es el centro del negocio. Pero entender por qué compra lo que compra, eso lleva más tiempo.

Los manuales lo explican con una cadena de tres eslabones: las necesidades, los deseos y la demanda.

Las necesidades ya existen. El marketing no las crea. Lo que hace es identificarlas. A partir de ahí, orienta y canaliza los deseos que esas necesidades generan, con la influencia de los factores culturales, sociales y de las características personales de cada consumidor. Y esos deseos se convierten en demanda cuando se combinan con los recursos disponibles del cliente.

EslabónQué esQué hace el marketingError si falla
Necesidad Un estado de carencia que ya existe Identificarla y escucharla Crear productos que nadie necesita
Deseo La forma concreta en que el consumidor quiere satisfacer esa necesidad Orientarlo y canalizarlo según factores culturales, sociales y personales Comunicar características cuando el cliente busca soluciones
Demanda El deseo respaldado por capacidad económica Convertirlo en venta real Ignorar los frenos económicos del cliente

En aquella empresa del gerente que subió los precios, nadie había preguntado a los clientes si el producto justificaba ese nuevo precio en su cabeza. Nadie había analizado si la competencia que los había subido tenía el mismo posicionamiento o si jugaba en otra liga. Nadie había medido si la demanda de esa categoría era elástica o no.

He visto equipos comerciales argumentando sobre el precio cuando el cliente ya había decidido en base a criterios completamente distintos.

Cuando no entiendes qué necesidad real estás resolviendo, puedes tener el mejor producto del mercado y seguir sin vender. Y eso no lo arregla una subida de precios. Lo arregla volver a escuchar al cliente de verdad.

La demanda de tu marca tiene una fórmula

Hay dos fórmulas que resumen todo lo anterior. La demanda global del mercado depende del entorno y del esfuerzo conjunto de marketing de todas las empresas que compiten en él.

Pero lo que te importa a ti es la demanda de tu marca en concreto. Y esa depende de cuatro variables. El entorno. La inercia o fidelidad de tus clientes actuales. Tu propio esfuerzo de marketing. Y el esfuerzo de marketing de la competencia.

Solo cuatro variables. Y la mayoría de las empresas solo gestionan activamente una: la suya propia.

VariableQué representaCómo gestionarlaQué pasa si se ignora
Entorno (E) El contexto externo que afecta a toda la categoría Monitorizarlo y anticiparse Te sorprende cuando ya es demasiado tarde
Inercia (I) La fidelidad y estabilidad de tu base de clientes Cultivarla activamente con retención Se erosiona sin que lo notes hasta que los clientes se van
Tu esfuerzo de marketing (Mi) Lo que inviertes y cómo lo inviertes Optimizarlo con datos reales Malgastas presupuesto sin saber qué funciona
Esfuerzo de la competencia (Mj) Lo que hace la competencia para atraer a tus clientes Analizarlo y anticipar respuestas Reaccionas tarde y en modo defensivo

Relacionado con esto está la elasticidad. ¿Qué pasa con tus ventas si subes el precio un 10%? ¿Y si la competencia lanza una promoción agresiva? ¿Y si duplicas la inversión en comunicación?

El gerente del que te hablo no tenía respuesta para ninguna de esas preguntas. Pero sí tenía un lema que lo explica todo: «Como la pelota se va haciendo grande.» La idea de que el negocio crece solo, por inercia, como una bola de nieve cuesta abajo.

El problema es que las bolas de nieve no distinguen entre crecer y descontrolarse.

Si no tienes respuestas aproximadas a esas preguntas, estás tomando las decisiones a ciegas. Y tomar decisiones a ciegas en un mercado que no para de moverse no es estrategia. Es suerte. Y la suerte no escala.

Saber cuánto necesitas vender para no perder dinero

Todo lo anterior tiene que converger en un número. Un número concreto. El que separa las pérdidas de los beneficios.

En el negocio familiar nadie me enseñó la fórmula. Pero sí me enseñaron que abrir la persiana todos los días tiene un coste. Y que ese coste hay que cubrirlo antes de ganar el primer euro.

Los libros lo llaman punto muerto. El nivel de ventas a partir del cual cada unidad adicional genera beneficio.

La fórmula es sencilla: costes fijos dividido entre el precio de venta menos el coste variable unitario.

ComponenteQué esCómo gestionarloQué consecuencia tiene ignorarlo
Costes fijos (CF) Los que existen independientemente de cuánto vendas: alquiler, nóminas, seguros Revisarlos periódicamente y cuestionarlos Una estructura insostenible que lastra el margen
Precio de venta (Pv) Lo que cobra el mercado por tu producto o servicio Fijarlo con datos, no con intuición ni copiando a la competencia Margen insuficiente o precio fuera de mercado
Coste variable unitario (CVu) Lo que te cuesta producir o prestar cada unidad adicional Controlarlo y buscar eficiencias sin sacrificar calidad Márgenes que se evaporan con el volumen
Punto muerto (q*) Las unidades que necesitas vender para cubrir todos los costes Calcularlo antes de fijar cualquier objetivo comercial Objetivos de venta desconectados de la realidad financiera

Volviendo al gerente de antes. Cuando me senté con él y le pregunté cuál era su punto muerto después de la subida de precios, no supo responder. Había subido los precios para cubrir el aumento de los costes fijos. Una decisión que, sobre el papel, tiene lógica. El problema es que al subir el precio, una parte de sus clientes dejó de comprar. Y al reducirse el volumen, los costes fijos por unidad aumentaron aún más. La bola de nieve, pero en sentido contrario.

Además navegaban sin un plan de negocio, sin un plan de marketing, sin un plan financiero y sin un plan de comunicación. Pura improvisación disfrazada de agilidad.

El marketing sin finanzas es decoración. Las ventas sin conocer el punto muerto son actividad sin rumbo.

El agua tapa los problemas

Hay una imagen que describe mejor que ninguna otra lo que encuentro en la mayoría de las empresas en las que aterrizo.

Un barco navegando por un río. El nivel del agua, las existencias, el presupuesto, los recursos, tapa las rocas del fondo: los problemas operativos, los cuellos de botella, las ineficiencias. Mientras el agua está alta, el barco navega. Cuando baja, las rocas aparecen.

En marketing y ventas pasa exactamente lo mismo.

Síntoma visible (agua alta)Problema real (roca oculta)
«No llegamos a los objetivos de ventas» No hay objetivos alineados con el punto muerto ni con el mercado real
«El equipo de ventas no rinde» No hay un proceso comercial definido ni un argumentario basado en el cliente
«La competencia nos está comiendo terreno» Nadie monitoriza las variables no controlables de forma sistemática
«El marketing no funciona» No hay estrategia, solo acciones sueltas sin conexión entre sí
«Los clientes solo compran por precio» No se ha trabajado el deseo ni la propuesta de valor
«Necesitamos más presupuesto» El presupuesto existente está mal distribuido entre las variables controlables

La bola de nieve del gerente había estado tapando las rocas durante años. Mientras el mercado crecía, el agua subía sola. Cuando el mercado se estabilizó, las rocas aparecieron. Y entonces la solución fue subir precios en lugar de bajar a ver qué había en el fondo del río.

Mi trabajo no es subir el nivel del agua. Es encontrar las rocas, sacarlas del río y dejar el cauce despejado. Para que el barco navegue bien con el agua que haya. Sin depender de la suerte ni del presupuesto del momento.

¿Y quién hace todo esto?

Aquí está la pregunta que nadie quiere hacerse explícitamente. Porque la respuesta incomoda.

Todo lo que hemos visto requiere un perfil muy concreto al frente de Marketing y Ventas. No un buen gestor de campañas. No un vendedor brillante con un buen título. Alguien que piensa el mercado y opera en él al mismo tiempo. Alguien que conecta la estrategia con la ejecución sin perder ninguna de las dos.

Ese perfil tiene cinco requisitos que no se aprenden en un curso.

La vocación. Porque no se dirige bien lo que no se ama. La capacidad de organización. Porque la complejidad no impresiona, los resultados sí. El control con objetividad. Porque controlar es un acto de respeto hacia el equipo. La cultura general. Porque el que deja de aprender empieza a quedarse obsoleto. Y la estabilidad personal. Porque liderar equipos es también un ejercicio de resistencia.

 Director de MarketingDirector de Ventas
Enfoque Mercado, marca y demanda Cliente, pipeline y cierre
Horizonte temporal Medio y largo plazo Corto y medio plazo
Ámbito de decisión Estrategia comercial global Ejecución comercial diaria
Herramienta principal Análisis, posicionamiento y comunicación Gestión de equipo, negociación y CRM
Riesgo si falta La empresa no sabe dónde va La empresa no llega donde quiere ir

Llevo desde 2014 aterrizando en empresas con ese perfil. Diseñando estrategias, montando departamentos, formando equipos y acompañando negocios en su crecimiento. Pero con algo que no da ningún máster: haber empezado desde abajo, en el negocio familiar, aprendiendo que la persiana hay que levantarla cada mañana y que el cliente siempre tiene la razón aunque a veces no la tenga.

Las 6 Rs: cómo pienso cuando entro en una empresa

Los cinco requisitos describen quién tiene que estar al frente. Las 6 Rs describen cómo actúa cuando llega.

Son seis capacidades que definen no solo lo que hace un gran director de Marketing y Ventas, sino cómo piensa y cómo lidera en el día a día.

RCapacidad clavePregunta que debe hacerseError habitual si no se aplica
Repensar Cuestionar lo que se da por hecho ¿Seguimos haciendo esto porque funciona o porque siempre lo hemos hecho así? Inercia organizativa disfrazada de estabilidad
Reducir Eliminar lo que no mueve la demanda ¿Qué parte de nuestro esfuerzo de marketing no tiene impacto medible? Presupuesto diluido en acciones sin retorno
Reutilizar Aprovechar lo que ya funciona ¿Estamos invirtiendo en retención o solo en captación? Ignorar la inercia positiva de los clientes actuales
Reciclar Convertir datos históricos en decisiones ¿Qué nos dicen los números del año pasado sobre lo que viene? Tomar decisiones sin memoria histórica
Reestructurar Romper los silos entre departamentos ¿Marketing, Ventas y Finanzas hablan el mismo idioma? Estrategias brillantes que mueren en la ejecución
Redistribuir Asignar recursos donde realmente impactan ¿Nuestro presupuesto está alineado con las variables que más mueven nuestra demanda? Inversión desconectada del punto muerto y del mercado

La teoría siempre tuvo razón. El problema es otro.

En el negocio familiar. En las empresas en las que he aterrizado desde 2014. En los equipos que he formado, en los departamentos que he montado, en los resultados que he tenido que defender delante de un comité de dirección.

La teoría estaba bien. Siempre lo estuvo.

Pero lo que falla no es el conocimiento. Lo que falla es la distancia entre el saber y el hacer. Entre el plan estratégico y la realidad del equipo. Entre la decisión que debería tomarse y la inercia que la bloquea. Entre saber que la bola de nieve puede descontrolarse y hacer algo antes de que lo haga.

Y lo que cierra esa distancia no es otro curso, ni otro consultor que entrega un informe y desaparece, ni otro organigrama que nadie entiende.

Es alguien que ha levantado persianas. Que ha subido frigoríficos a pisos sin ascensor. Que sabe que las métricas bonitas no pagan sueldos. Y que lleva años aterrizando en empresas con problemas reales para dejarlas funcionando de verdad.

Alguien que piensa en estrategia, actúa con método y lidera con personas.

Eso es exactamente lo que yo hago. Entro. Ordeno. Ejecuto. Y me voy dejándolo todo funcionando.

Estrategia y ejecución. Marketing y Ventas. Todo conectado.

 ¿Hablamos?

Desde 2014 ayudando a empresas a encontrar la coherencia entre lo que dicen, lo que hacen y lo que invierten.

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