Lo que el cuerpo dice en una negociación comercial (y cómo entrenar a tu equipo para leerlo) - Marketing de marca en redes sociales | Marketing Digital | Negocio físico y digital | Capacitaciones

Lo que el cuerpo dice en una negociación comercial (y cómo entrenar a tu equipo para leerlo)

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Hay comerciales que parecen tener un sexto sentido. Saben cuándo apretar y cuándo soltar. Cuándo el cliente está a punto de decir que sí aunque esté poniendo pegas. Cuándo una objeción es real y cuándo es teatro de negociación.

No es magia. Es observación entrenada.

A lo largo de estos años formando equipos comerciales, he visto cómo esta habilidad marca la diferencia entre un vendedor del montón y uno que cierra consistentemente. Y lo curioso es que casi nadie la entrena de forma sistemática. Dedicamos horas a técnicas de cierre, a argumentarios, a manejo de objeciones. Pero casi ningún equipo comercial dedica tiempo a entrenar la lectura del cliente.

Este artículo va de eso. De cómo leer al cliente durante la venta y de cómo convertir esa lectura en una habilidad que tu equipo puede aprender y practicar.

Índice

Por qué los comerciales no entrenan esto

La respuesta es sencilla: porque parece intangible.

Puedes medir las llamadas que hace un comercial. Puedes medir las visitas, las propuestas enviadas, el ratio de cierre. Pero ¿cómo mides si está leyendo bien al cliente?

Además, hay una creencia extendida de que esto es innato. Que hay gente que «tiene ojo» y gente que no. Que es cuestión de intuición.

Es mentira.

La intuición comercial no es más que reconocimiento de patrones. Patrones que se pueden identificar, nombrar y entrenar. El comercial veterano que «huele» cuándo un cliente va a comprar no tiene poderes especiales. Tiene miles de horas de observación inconsciente que su cerebro ha convertido en atajos. La buena noticia es que podemos acelerar ese proceso si lo hacemos consciente.

Marco 1: Los tres momentos de verdad

En cualquier reunión comercial hay momentos donde el cliente revela más de lo que dice. Momentos donde la tensión sube y el cuerpo habla más alto que las palabras.

He identificado tres que se repiten siempre. Los llamo los tres momentos de verdad.

Momento 1: La primera reacción a tu propuesta de valor.

Cuando presentas lo que haces, lo que ofreces, cómo puedes ayudarle. En ese instante el cliente decide internamente si esto le interesa o no. Y su cuerpo lo refleja antes de que su boca formule una respuesta educada.

Qué observar: inclinación del cuerpo (¿se acerca o se aleja?), apertura de la postura (¿brazos abiertos o cerrados?), dirección de la mirada (¿te mira o mira el reloj, la puerta, el móvil?), microexpresiones (¿destello de interés, de sorpresa, de escepticismo?).

Si el cuerpo dice «no me interesa» pero la boca dice «muy interesante, cuéntame más», tienes un problema. No de cierre, de propuesta. No has conectado con lo que realmente le importa.

Momento 2: Cuando hablas de precio.

El dinero genera tensión. Siempre. Incluso cuando el cliente tiene presupuesto de sobra, el precio activa una respuesta emocional. Y esa respuesta es visible.

Qué observar: cambios en la respiración (¿se contiene, suspira?), auto-contactos (¿se toca la cara, el cuello?), rigidez corporal (¿se tensa?), expresión facial (¿microexpresión de dolor, de sorpresa, de cálculo?).

Un cliente que escucha el precio y se queda relajado probablemente esperaba algo así o incluso algo peor. Un cliente que se tensa tiene una objeción de precio, la verbalice o no.

Momento 3: Cuando pides el compromiso.

El cierre. El momento donde preguntas si seguimos adelante, si firmamos, si agendamos siguiente paso. Aquí es donde el cliente tiene que decidir, y decidir genera estrés.

Qué observar: latencia de respuesta (¿cuánto tarda en contestar?), dirección de la mirada (¿mira hacia arriba pensando, mira a su colega buscando apoyo, evita tu mirada?), postura (¿se echa hacia atrás ganando tiempo, se inclina hacia delante listo para actuar?).

Un «sí» que viene con el cuerpo echado hacia atrás, brazos cruzados y mirada esquiva no es un sí real. Es un «sí para que me dejes en paz» que luego se convertirá en un email diciendo que lo han pensado mejor.

Marco 2: La matriz de señales

Una cosa es saber qué observar. Otra es saber interpretarlo en tiempo real sin volverte loco.

Para simplificarlo, uso una matriz de dos ejes:

 Cuerpo abiertoCuerpo cerrado
Palabras positivas Alineación. Vía libre. Alarma. Dice que sí, pero algo no encaja. Indaga.
Palabras negativas Oportunidad. La objeción es negociable. Bloqueo real. Hay un problema de fondo.

Alineación (palabras positivas + cuerpo abierto): Todo cuadra. El cliente dice que le interesa y su cuerpo lo confirma. Avanza.

Alarma (palabras positivas + cuerpo cerrado): Aquí es donde la mayoría de comerciales se equivocan. Escuchan el «sí» y se relajan. Pero el cuerpo está diciendo otra cosa. Puede ser que el cliente no tenga autoridad para decidir, que tenga dudas que no quiere expresar, que esté siendo educado pero no convencido. No avances sin explorar qué hay debajo.

Oportunidad (palabras negativas + cuerpo abierto): El cliente pone una objeción pero su postura sigue abierta, sigue inclinado hacia ti, sigue enganchado. Esa objeción es una invitación a la conversación, no un rechazo. Probablemente quiere que le convenzas o está negociando.

Bloqueo real (palabras negativas + cuerpo cerrado): Alineación negativa. El cliente dice no y lo siente. Aquí forzar el cierre es contraproducente. Mejor entender el problema real y decidir si tiene solución o si hay que replantear toda la aproximación.

Marco 3: El embudo de observación

Cuando entreno equipos comerciales en esto, el error más común es querer observarlo todo a la vez. Es imposible. Te saturas y al final no observas nada. Por eso uso el embudo de observación. Una secuencia que va de lo general a lo específico.

Nivel 1: Energía general. Antes de entrar en detalles, capta la energía del cliente. ¿Está relajado o tenso? ¿Presente o distraído? ¿Abierto o cerrado? Esto te da el contexto general en segundos.

Nivel 2: Línea base. Durante los primeros minutos de conversación intrascendente, observa cómo se comporta normalmente. Cómo gesticula, cuánto contacto visual mantiene, cuál es su postura habitual. Esa es tu referencia.

Nivel 3: Cambios. A partir de ahí, solo buscas cambios respecto a esa línea base. No interpretas gestos aislados, interpretas variaciones. Si estaba relajado y se tensa cuando hablas de plazos, ahí hay algo. Si gesticulaba con las manos y de repente se queda quieto cuando preguntas por el presupuesto, ahí hay algo.

Nivel 4: Conjuntos de señales. Un cambio aislado puede no significar nada. Pero si ves varios cambios a la vez (postura + manos + mirada), tienes un conjunto de señales. Eso sí es significativo.

Este embudo se puede practicar. Y cuanto más lo practicas, más automático se vuelve.

Cómo entrenar esto con tu equipo

La teoría está muy bien. Pero si no la conviertes en práctica, se olvida en una semana.

Estos son los ejercicios que uso cuando formo equipos comerciales.

Ejercicio 1: El role play con observador.

El clásico role play comercial, pero con un giro. Hay tres roles: comercial, cliente y observador. El observador no participa en la conversación. Su único trabajo es observar al cliente y tomar notas de lo que ve. Después del role play, el observador comparte sus notas y el cliente confirma o desmiente qué estaba sintiendo realmente en cada momento.

Este ejercicio es revelador. Muchas veces el observador ve cosas que el comercial, ocupado en su discurso, no captó.

Ejercicio 2: El debrief de visitas.

Después de cada visita comercial real, dedicar cinco minutos a analizar no solo qué se dijo sino qué se observó. Preguntas tipo: ¿Cuál era la energía del cliente al empezar? ¿Hubo algún momento donde el cuerpo dijo algo diferente a las palabras? ¿Cómo reaccionó al precio? ¿Cómo reaccionó al cierre?

Al principio cuesta. Los comerciales no están acostumbrados a pensar en estos términos. Pero en pocas semanas se convierte en hábito y empiezan a ver cosas que antes les pasaban desapercibidas.

Ejercicio 3: El vídeo incómodo.

Grabar role plays en vídeo y revisarlos juntos. Incómodo, sí. Pero tremendamente efectivo. Cuando te ves desde fuera, detectas tanto tus propias señales como las del cliente que no captaste en el momento.

Ejercicio 4: La predicción antes del café.

En reuniones con cliente donde va más de un comercial, el ejercicio es simple. Antes de que acabe la reunión, cada uno escribe en el móvil su predicción: ¿el cliente va a avanzar o no? ¿Qué señales te hacen pensar eso? Luego se comparan las predicciones y se discuten las señales. Con el tiempo, el equipo desarrolla un lenguaje común para hablar de esto.

El comercial completo

Hay una frase que repito mucho cuando formo equipos: el comercial completo no es el que mejor habla, es el que mejor escucha. Y escuchar, en ventas, es mucho más que oír palabras. Es leer contexto, captar emociones, detectar lo que el cliente no dice pero siente.

Esto no sustituye el conocimiento de producto, ni la técnica de venta, ni la capacidad de construir relaciones. Es una capa adicional. Una capa que multiplica la efectividad de todo lo demás.

Porque puedes tener el mejor argumentario del mundo, pero si no sabes leer cuándo el cliente está contigo y cuándo lo has perdido, estás vendiendo a ciegas. Y vender a ciegas, en 2026, es un lujo que ningún equipo comercial puede permitirse.

Si quieres que trabaje con tu equipo comercial, escríbeme.

 ¿Hablamos?

Desde 2014 ayudando a empresas a encontrar la coherencia entre lo que dicen, lo que hacen y lo que invierten.

Este artículo forma parte de una serie sobre formación de equipos comerciales. En el siguiente hablo de las tres capacidades que trabajo con los equipos y los números que importan de verdad.

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